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Sábado, 23 de Enero de 2010

Kiki

Este es un niño haitiano de ocho años con alma de campeón. Venció a la muerte y lo constató alzando los brazos como quien cruza la meta final y con una sonrisa de vencedor, al ser rescatado. Su nombre - Kiki Joachin. Su meta - vencer a la muerte tras ocho días bajo los escombros del edificio destruído por el terremoto del 12 de enero en Haití. ¡Enhorabuena Kiki!

Sábado, 14 de Noviembre de 2009

¿Qué quieres ser cuando seas grande?

No recuerdo que alguien me haya hecho esta pregunta cuando niño. Pero sí recuerdo que nunca tuve afición por alguna profesión en específico. No recuerdo que haya querido ser piloto o marinero, cowboy o cosmonauta, médico o deportista después de haber visto alguna película Emoticon de sonrisa Emoticon de sonrisa.

Recuerdo, sin embargo, que con nueve o diez años iba con frecuencia al trabajo de mi papá, la entonces Empresa Consolidada de Jabonería y Perfumería, en La Habana, en la Calzada de Buenos Aires No. 353 e/San Julio y Durege, Cerro, que radicaba en el edificio de oficinas de la nacionalizada empresa Crusellas. Él se quedaba muchas veces trabajando después de la jornada laboral, y entonces mi hermano y yo íbamos a su trabajo a jugar ping pong cuando ya se había ido el personal.

Pero había otra persona que también se quedaba con frecuencia trabajando después de las 5 P.M., se llamaba Raúl Graña. Graña era el hombre orquesta de la sala de cálculo. Era una sala con tabuladoras IBM de tarjetas perforadas de los años 40 y 50, que Graña aún mantenía en funcionamiento.

De niño me encantaba desarmar los juguetes para ver cómo estaban construidos. Cuando mi madre se compró una máquina de coser, me leí las instrucciones de uso y escrutaba con gran atención su funcionamiento, inluso aprendí a coser en ella. Recuerdo la bronca que me echó mi papá el día que desarmé el radio de válvulas Emoticon de sonrisa Emoticon de sonrisa. Aún hoy no sé si mis padres sospechaban que mi alma era ingenieril.

Fue así como un día fui a parar a la sala de Graña, a la sala de las tabuladoras. Todo un paraíso para mí. Por suerte, Graña me aceptaba en su feudo y me entretenía dejándome trabajar en la perforadora de tarjetas, incluso cuando a alguna tarjeta se le doblaba una esquina y la tabuladora paraba de funcionar porque se atascaba la tarjeta, me la daba para que hiciera una nueva, la que confrontaba con la deteriorada, colocádolas una sobre la otra y mirando a trasluz por delante y por detrás para cerciorarse que todas las perforaciones coincidían. Éste fue el primer voto de confianza, allá por el 1969 - 1970, tendría 9 ó 10 años.

La tabuladora IBM 444 Accounting Machine

Tabuladora

Con el paso del tiempo, Graña me permitía organizar por orden alfabético los mazos de tarjetas perforadas en la clasificadora (sorter), colocar los mazos ordenados en la tabuladora y echar a andar la máquina, duplicar los mazos de tarjetas. Me fascinaba que las máquinas reaccionaran a mi voluntad de parar o echar a andar. Todo un paraíso Emoticon de sonrisa. Desde luego que había cosas que no podía tocar, y una de ellas me llamaba mucho la atención - era la tabla de programación. Una tabla llena de perforaciones agrupadas en secciones, que se conectaban unas con otras con unos cables y de esta forma se programaba la tabuladora. Para entonces, cuando iba al trabajo de mi papá, iba directamente a la sala de tabuladoras, de donde me tenía que recoger cuando se iba para casa.

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Domingo, 6 de Septiembre de 2009

Vicecampeón

Ayer, sábado 5 de septiembre de 2009, se efectuó el campeonato nacional de Bulgaria de jujitsu (jiujitsu, jujutsu) en la ciudad de Varna. Mi hijo, Jorge Reyes III Tzviatkov, participó en la categoría superpesada (+94 kg), pesa 105.6 kg, y obtuvo la medalla de plata. ¡Felicidades!

Vicecampeón de Bulgaria

Vicecampeón de Bulgaria

Vicecampeón de Bulgaria

Vicecampeón de Bulgaria

Viernes, 4 de Septiembre de 2009

Se va, se va - se fue

Bombilla eléctrica

En las clases de electrotecnia y electrónica en el instituto (Instituto Energético de Moscú), nos enseñaban que el inventor del radio fue el físico ruso Aleksandr Stepánovich Popov y el inventor de la lámpara incandescente - la bombilla eléctrica - fue Aleksandr Nikoláyevich Lodygin y no Thomas Alva Edison, como se nos enseñaba en el hemisferio occidental.

Sea quien sea el que haya inventado la bombilla eléctrica, el asunto es que a partir del 1 de septiembre la bombilla incandescente de 100W ha sido desterrada, declarada persona non grata en la Unión Europea y poco a poco desaparecerán las de menor potencia. Ahora debemos sustituirlas por la llamada "lámpara de bajo consumo".

Pero, siempre hay un pero, sucede que las "lámparas de bajo consumo" son 15, 20, 30 veces más caras que la omnipresente bombilla incandescente. Hace 6 años decidí sustituir las bombillas incandescentes de casa por las "lámparas de bajo consumo", no por el hecho de ahorro de energía, sino, porque prefería la luz blanca de las "lámparas de bajo consumo" a la amarilla de las bombillas incandescente. Pero sucede que las "lámparas de bajo consumo" constantemente se "fundían" y lo que era un gasto inicial elevado se transformó en otro gasto de mantenimiento también elevado, por lo que hice un downgrade y regresé a casa a la vieja bombilla incandescente.

Ahora sí es definitivo, la bombilla incandescente - como diría un comentador de beisbol - se va, se va - se fue.

Domingo, 19 de Abril de 2009

"La Gran Lectura"

La Televisión Nacional Búlgara (Kanal 1 - K1) llevó a cabo la campaña La Gran Lectura para promover la lectura de libros y la elección del libro preferido por los televidentes búlgaros. Esta campaña se celebró del 5 de octubre de 2008 hasta el 22 de marzo de 2009. El 21 de diciembre de 2008 se publicó un listado de los primeros cien libros que fueron nominados por los televidentes. Los primeros doce libros - de doce autores diferentes - fueron a una segunda etapa - la final, para la elección del libro preferido y sus nombres fueron publicados en orden alfabético.

Entre los finalistas se encuentra mi preferido Cien años de soledad del colombiano Gabriel García Márquez, junto con cinco búlgaros, dos franceces, un ruso, dos británicos y un estadounidense. El vencedor fue el escritor búlgaro Ivan Vazov con su obra inmortal Bajo el yugo, que ha sido traducida al español.

Durante la campaña, K1 transmitió varios cortos en apoyo de uno u otro libro. El corto sobre Cien años de soledad fue hecho por la famosa periodista Sevda Shishmanova, y como me gustó tanto, les presento el cortometraje y la traducción de sus palabras.

Me llamo Sevda Shishmanova y Cien años de soledad es mi libro preferido. Cuando lo leí por primera vez, recé para que Macondo existiera de verdad. Estoy segura que existe una infinidad de causas para que también sea su libro preferido. Yo les diré las mías. Son dos. Una es muy personal, la otra es el periodismo. Tanto para García Márquez, como para mí, ésta es una profesión que marca al mundo. Recibe su Premio Nobel de literatura solamente como reconocimiento a su trabajo periodístico. Asegura que está enamorado del periodismo y defiende sus dos mundos - el real y el imaginario. Para llevar el uno al otro y, sin control, mezclar y reordenar el Universo.

La causa personal, por la que descubrí Cien años de soledad, es mi mejor amiga de la infancia. De hecho, éste era su libro preferido. Lo abrí y comprendí que los libros pueden causar sensaciones físicas. Me invadieron olores y fragancias, sentido de frialdad en la cabeza y el cuerpo. Empecé a sentir la presencia de los personajes. Me parecía que estaban en todas partes a mi alrededor, sorprendentemente cerca. Le conté a mi mejor amiga lo que pasaba - no se rio de mí. Lo mismo le había sucedido a ella. Quiero que Macondo exista.

Mi mejor amiga de la infancia me dio Cien años de soledad, como muchos otros libros que nos intercambiábamos. Nunca se lo devolví. Constantemente me señalaba que le debía un libro, hasta cuando me dijo que me lo quedara, porque seguro aun tengo que entenderlo. Se había comprado otro ejemplar, no podía estar sin leerlo. Lo mismo hacía yo. Entonces no me pude imaginar que mucho después, Cien años de soledad me encontraría de nuevo para continuar buscando a Macondo, el cual no sé si existe.

Mi mejor amiga siempre se aparecía en mi puerta sin avisar. Me enseñó a conducir motocicleta, a viajar en auto stop, a escondidas de mis padres. En mi lugar, llamaba por teléfono al muchacho del que me había enamorado, porque me había quedado sin voz a causa del nerviosismo. Me gritaba desde la orilla que no fuera tan a lo profundo que si de todas formas el mar tuviera fin, no iba a llegar hasta allí. Me enseñó a dormir en saco de dormir bajo estrellas desconocidas y a reconocer mis errores. Busco Macondo por mi mejor amiga de la infancia.

Hacía tiempo no me venía a la mente Cien años de soledad, tanto tiempo, que no estaba segura si no se lo había llevado la limpieza de turno de la biblioteca - pero no. Lo encontré. Sucedió hace unos años, cuando me enteré, que éste es también el libro preferido del hombre del que estaba muy enamorada - el pequeño libro desgajado, casi del tamaño de la palma de tu mano. Lo abrí y enmudecí. Vi escrito el nombre de mi mejor amiga. Se me había olvidado. Fue una tarde de junio, seis años después de su muerte. No recuerdo cómo llegué hasta su tumba. Y por primera vez le dije que tenía razón - no había entendido este libro y debía dejármelo. Ahora, no solamente rezo para que Macondo exista, quiero encontralo y perderme en sus calles.

Hay una estación de trenes con mariposas amarillas dibujadas en sus paredes. Hay una pared de una fortaleza, con ventanas que ampara los cuerpos de los enamorados y a través de las cuales puedes ver el mar. Hay un camino que convierte el hierbal en plantaciones de bananos. Hay mujeres que han escondido el amor en sus cuerpos. Hay hombres que convirtieron el instinto sexual en la maldición de su extirpe. Hay sabor. Hay color. Hay aliento. Hay un mundo, que parece tan reciente, que algunas cosas aun no tienen nombre.

Había rezado para que Macondo existiera, quería descubrirlo y cuando llegué a él, comprendí - Macondo es el lugar donde nos esperan todos nuestros seres queridos, aquellos que hemos perdido y aquellos que aún no hemos descubierto. Descubrí este mundo por la persona que la muerte dejó en nuestra vida, con nostalgia por el amor que aún está por experimentar, con un pequeño libro desgajado por la lectura. Descubrí que Macondo te convierte a tí mismo y te da a elegir con quién compartirás tu propia vida - del principio al final. Porque los condenados a cien años de soledad no tendremos otra oportunidad sobre la tierra.

Me llamo Sevda Shishmanova y Cien años de soledad es mi novela preferida.

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