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Sábado, 14 de Noviembre de 2009

¿Qué quieres ser cuando seas grande?

No recuerdo que alguien me haya hecho esta pregunta cuando niño. Pero sí recuerdo que nunca tuve afición por alguna profesión en específico. No recuerdo que haya querido ser piloto o marinero, cowboy o cosmonauta, médico o deportista después de haber visto alguna película Emoticon de sonrisa Emoticon de sonrisa.

Recuerdo, sin embargo, que con nueve o diez años iba con frecuencia al trabajo de mi papá, la entonces Empresa Consolidada de Jabonería y Perfumería, en La Habana, en la Calzada de Buenos Aires No. 353 e/San Julio y Durege, Cerro, que radicaba en el edificio de oficinas de la nacionalizada empresa Crusellas. Él se quedaba muchas veces trabajando después de la jornada laboral, y entonces mi hermano y yo íbamos a su trabajo a jugar ping pong cuando ya se había ido el personal.

Pero había otra persona que también se quedaba con frecuencia trabajando después de las 5 P.M., se llamaba Raúl Graña. Graña era el hombre orquesta de la sala de cálculo. Era una sala con tabuladoras IBM de tarjetas perforadas de los años 40 y 50, que Graña aún mantenía en funcionamiento.

De niño me encantaba desarmar los juguetes para ver cómo estaban construidos. Cuando mi madre se compró una máquina de coser, me leí las instrucciones de uso y escrutaba con gran atención su funcionamiento, inluso aprendí a coser en ella. Recuerdo la bronca que me echó mi papá el día que desarmé el radio de válvulas Emoticon de sonrisa Emoticon de sonrisa. Aún hoy no sé si mis padres sospechaban que mi alma era ingenieril.

Fue así como un día fui a parar a la sala de Graña, a la sala de las tabuladoras. Todo un paraíso para mí. Por suerte, Graña me aceptaba en su feudo y me entretenía dejándome trabajar en la perforadora de tarjetas, incluso cuando a alguna tarjeta se le doblaba una esquina y la tabuladora paraba de funcionar porque se atascaba la tarjeta, me la daba para que hiciera una nueva, la que confrontaba con la deteriorada, colocádolas una sobre la otra y mirando a trasluz por delante y por detrás para cerciorarse que todas las perforaciones coincidían. Éste fue el primer voto de confianza, allá por el 1969 - 1970, tendría 9 ó 10 años.

La tabuladora IBM 444 Accounting Machine

Tabuladora

Con el paso del tiempo, Graña me permitía organizar por orden alfabético los mazos de tarjetas perforadas en la clasificadora (sorter), colocar los mazos ordenados en la tabuladora y echar a andar la máquina, duplicar los mazos de tarjetas. Me fascinaba que las máquinas reaccionaran a mi voluntad de parar o echar a andar. Todo un paraíso Emoticon de sonrisa. Desde luego que había cosas que no podía tocar, y una de ellas me llamaba mucho la atención - era la tabla de programación. Una tabla llena de perforaciones agrupadas en secciones, que se conectaban unas con otras con unos cables y de esta forma se programaba la tabuladora. Para entonces, cuando iba al trabajo de mi papá, iba directamente a la sala de tabuladoras, de donde me tenía que recoger cuando se iba para casa.

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Sábado, 12 de Mayo de 2007

15 años

Hoy hace 15 años que abandoné Cuba con mi esposa e hijo. El 14, harán tantos años que nos establecimos en Bulgaria.

Si le creemos a Carlos Gardel que 20 años no es nada, aun me faltan cinco para llegar a nada.

Martes, 11 de Julio de 2006

Encontré a un gran amigo

Que Internet es un medio de comunicación descomunal, ya lo sabí­a. Precisamente, a través de un foro, encontré en España a un gran amigo del instituto, Alejandro Aróstegui Mederos.

Alejandro y yo

El de la izquierda soy yo, el de la derecha es él. Esta foto es de julio de 1980, en la ciudad Abakán, en Siberia; formábamos parte de las brigadas de construcción del instituto que estaban construyendo una central termoeléctrica.