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Domingo, 19 de Abril de 2009

"La Gran Lectura"

La Televisión Nacional Búlgara (Kanal 1 - K1) llevó a cabo la campaña La Gran Lectura para promover la lectura de libros y la elección del libro preferido por los televidentes búlgaros. Esta campaña se celebró del 5 de octubre de 2008 hasta el 22 de marzo de 2009. El 21 de diciembre de 2008 se publicó un listado de los primeros cien libros que fueron nominados por los televidentes. Los primeros doce libros - de doce autores diferentes - fueron a una segunda etapa - la final, para la elección del libro preferido y sus nombres fueron publicados en orden alfabético.

Entre los finalistas se encuentra mi preferido Cien años de soledad del colombiano Gabriel García Márquez, junto con cinco búlgaros, dos franceces, un ruso, dos británicos y un estadounidense. El vencedor fue el escritor búlgaro Ivan Vazov con su obra inmortal Bajo el yugo, que ha sido traducida al español.

Durante la campaña, K1 transmitió varios cortos en apoyo de uno u otro libro. El corto sobre Cien años de soledad fue hecho por la famosa periodista Sevda Shishmanova, y como me gustó tanto, les presento el cortometraje y la traducción de sus palabras.

Me llamo Sevda Shishmanova y Cien años de soledad es mi libro preferido. Cuando lo leí por primera vez, recé para que Macondo existiera de verdad. Estoy segura que existe una infinidad de causas para que también sea su libro preferido. Yo les diré las mías. Son dos. Una es muy personal, la otra es el periodismo. Tanto para García Márquez, como para mí, ésta es una profesión que marca al mundo. Recibe su Premio Nobel de literatura solamente como reconocimiento a su trabajo periodístico. Asegura que está enamorado del periodismo y defiende sus dos mundos - el real y el imaginario. Para llevar el uno al otro y, sin control, mezclar y reordenar el Universo.

La causa personal, por la que descubrí Cien años de soledad, es mi mejor amiga de la infancia. De hecho, éste era su libro preferido. Lo abrí y comprendí que los libros pueden causar sensaciones físicas. Me invadieron olores y fragancias, sentido de frialdad en la cabeza y el cuerpo. Empecé a sentir la presencia de los personajes. Me parecía que estaban en todas partes a mi alrededor, sorprendentemente cerca. Le conté a mi mejor amiga lo que pasaba - no se rio de mí. Lo mismo le había sucedido a ella. Quiero que Macondo exista.

Mi mejor amiga de la infancia me dio Cien años de soledad, como muchos otros libros que nos intercambiábamos. Nunca se lo devolví. Constantemente me señalaba que le debía un libro, hasta cuando me dijo que me lo quedara, porque seguro aun tengo que entenderlo. Se había comprado otro ejemplar, no podía estar sin leerlo. Lo mismo hacía yo. Entonces no me pude imaginar que mucho después, Cien años de soledad me encontraría de nuevo para continuar buscando a Macondo, el cual no sé si existe.

Mi mejor amiga siempre se aparecía en mi puerta sin avisar. Me enseñó a conducir motocicleta, a viajar en auto stop, a escondidas de mis padres. En mi lugar, llamaba por teléfono al muchacho del que me había enamorado, porque me había quedado sin voz a causa del nerviosismo. Me gritaba desde la orilla que no fuera tan a lo profundo que si de todas formas el mar tuviera fin, no iba a llegar hasta allí. Me enseñó a dormir en saco de dormir bajo estrellas desconocidas y a reconocer mis errores. Busco Macondo por mi mejor amiga de la infancia.

Hacía tiempo no me venía a la mente Cien años de soledad, tanto tiempo, que no estaba segura si no se lo había llevado la limpieza de turno de la biblioteca - pero no. Lo encontré. Sucedió hace unos años, cuando me enteré, que éste es también el libro preferido del hombre del que estaba muy enamorada - el pequeño libro desgajado, casi del tamaño de la palma de tu mano. Lo abrí y enmudecí. Vi escrito el nombre de mi mejor amiga. Se me había olvidado. Fue una tarde de junio, seis años después de su muerte. No recuerdo cómo llegué hasta su tumba. Y por primera vez le dije que tenía razón - no había entendido este libro y debía dejármelo. Ahora, no solamente rezo para que Macondo exista, quiero encontralo y perderme en sus calles.

Hay una estación de trenes con mariposas amarillas dibujadas en sus paredes. Hay una pared de una fortaleza, con ventanas que ampara los cuerpos de los enamorados y a través de las cuales puedes ver el mar. Hay un camino que convierte el hierbal en plantaciones de bananos. Hay mujeres que han escondido el amor en sus cuerpos. Hay hombres que convirtieron el instinto sexual en la maldición de su extirpe. Hay sabor. Hay color. Hay aliento. Hay un mundo, que parece tan reciente, que algunas cosas aun no tienen nombre.

Había rezado para que Macondo existiera, quería descubrirlo y cuando llegué a él, comprendí - Macondo es el lugar donde nos esperan todos nuestros seres queridos, aquellos que hemos perdido y aquellos que aún no hemos descubierto. Descubrí este mundo por la persona que la muerte dejó en nuestra vida, con nostalgia por el amor que aún está por experimentar, con un pequeño libro desgajado por la lectura. Descubrí que Macondo te convierte a tí mismo y te da a elegir con quién compartirás tu propia vida - del principio al final. Porque los condenados a cien años de soledad no tendremos otra oportunidad sobre la tierra.

Me llamo Sevda Shishmanova y Cien años de soledad es mi novela preferida.

Sábado, 11 de Febrero de 2006

Mis "Cien años de soledad"

Cuando, en 1982, me enteré que a un latinoamericano le habí­a sido otorgado el Premio Nobel de Literatura, me llamó mucho la atención. Los Premio Nobel, por lo general, los reciben estadounidenses o europeos occidentales, y por eso, me puse a buscar el libro que, más se mencionaba, era la causa de este premio. Desde luego, me refiero al colombiano Gabriel Garcí­a Márquez y a su obra inmortal Cien años de soledad.

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