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El chicle jodedor

Cuando niño, nunca vi un chicle. Siempre me llamaba la atención en las pelí­culas americanas la mascadera de chicle. Una noche hace unos años, cuando mi hijo tení­a 5 ó 6 años, mientras dormí­a me dió tremenda picazón en la pierna derecha y mientras me arrascaba, mis dedos toparon una mezcla pegajoza. Me levanté de un tiro y vi que la sábana estaba pegada a mi pierna peluda; intenté despegar la sábana pero fue imposible, tiraba de los pelos de la pierna, tremendo dolor. Con una tijera me libré de la sábana y los pelos engomados. Después de una rápida investigación constato que el culpable era mi hijo, dejaba los chicles por todas partes en la casa.

un chicle pegado a la suela del zapato

Desde entonces prohibí­ que entrara a la casa o al carro el pegajoso chicle. Cuando tuve la oportunidad de mascar chicle lo intenté y nunca me llamó la atención. Dicen que favorece a los dientes, que el aliento y un montón de palabrejas de la mercadotecnia. Yo le he declarado la guerra al chicle, aunque soy consciente que el pobre chicle no tiene la culpa sino la gente que lo escupe por todas partes.

En todas partes (pasillos, escaleras, paredes, en la parte de abajo de las mesas, aceras) encuentras unos cí­rculos negros como manchas, son chicles aplastados y asquerosos, muchos endurecidos como el cemento. Cuando alguien se dirije a mí­ mascando chicle, les requiero que si quiere hablar conmigo deje de mascar la mierda esa que me cae como una patada por el trasero.

Pero hoy un chicle me jodió en una acera, se me pegó a la suela del zapato y monté en cólera. El que no quiere caldo le dan dos tazas. emoticon de risa

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